Rebecca García Camps

Rebecca García Camps: una vida bajo el mar para proteger el Caribe

Tiempo de lectura estimado: 6 minutos

Rebecca García Camps: une vie sous la mer pour protéger les caraïbes – Version française

 

Rebecca García Camps, La bióloga marina dominicana convirtió el amor por el océano que nació en su infancia en una vocación dedicada a conservar los arrecifes de coral y los ecosistemas marinos de República Dominicana

A sus 29 años, Rebecca García Camps ha convertido una pasión de infancia en una profesión y, sobre todo, en una misión: contribuir a que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de los mares y arrecifes de República Dominicana.

Su historia comenzó en Palmar de Ocoa, en la costa de la provincia de Azua, un lugar ligado a sus primeros recuerdos frente al mar. Allí, en una bahía de arena negra que para ella era mucho más que una playa, descubrió desde niña el fascinante mundo que existe bajo el agua.

Desde pequeña siempre he ido a una playa en Palmar de Ocoa. Yo iba a hacer snorkel con mi papá o me iba a pescar”, recuerda.

Aquellas experiencias fueron construyendo una relación íntima con el océano. Era una infancia feliz, marcada por el contacto permanente con la naturaleza.

Crecí teniendo una infancia muy feliz, atajada al mar, levantándome en la mañana y tirándome al agua, básicamente en pijamas, porque quería ver los delfines”, cuenta.

Pero aquella niña que quería descubrir qué había bajo el agua también comenzó a comprender que el océano debía ser respetado.

Aprendí que los animales bonitos no se pueden tocar, porque usualmente el más bonito era el más peligroso”, recuerda entre risas al evocar una de sus primeras experiencias, cuando llegó a tocar un gusano de fuego.

Con el tiempo, aquella curiosidad infantil se transformó en una certeza: quería dedicar su vida a proteger el mar.

Palmar de Ocoa fue así el punto de partida de una vocación que años después la llevaría a convertirse en bióloga marina y especialista en conservación de ecosistemas coralinos.

 

Rebecca García Camps

Rebecca García Camps

 

Del snorkel a la biología marina

Cuando tenía apenas 15 o 16 años, Rebecca comenzó a dar pasos concretos hacia ese futuro. Aprendió a bucear y participó en proyectos de conservación de corales.

También inició su relación con la Fundación Grupo Puntacana, donde realizó una pasantía vinculada al trabajo de los viveros de coral.

Aquella experiencia le permitió comprender que detrás de la belleza de un arrecife existe un ecosistema fundamental para la vida marina y para las comunidades que dependen del océano.

Sin embargo, para continuar su formación tuvo que mirar fuera de República Dominicana. Gracias a una beca viajó a Estados Unidos para estudiar Biología-Ciencias Marinas en la University of Tampa.

En la universidad adquirió conocimientos teóricos y nuevas técnicas, pero nunca perdió el vínculo con su país.

Cada verano regresaba a República Dominicana para continuar vinculada a proyectos de voluntariado y pasantías relacionados con la conservación marina.

Su formación se desarrolló así entre dos mundos: la preparación científica adquirida en Estados Unidos y la experiencia directa con los ecosistemas marinos dominicanos.

 

Sea something: educar para conservar

En 2017, mientras estudiaba en la universidad, Rebecca comprendió que proteger el mar también significaba educar a quienes viven y disfrutan de él.

Así nació Sea Something, una iniciativa con la que comenzó a utilizar las redes sociales para acercar el conocimiento sobre el mundo marino a los dominicanos.

 

La idea surgió al observar que muchas personas que viven cerca del mar —incluidos niños, pescadores y miembros de comunidades costeras— no siempre conocían la importancia de los ecosistemas que tenían delante.

¿Por qué las estrellas de mar son importantes? ¿Por qué no debemos tocarlas? ¿Por qué hay que proteger los nidos de las tortugas? ¿Por qué es importante el pez loro?

Rebecca quería explicar que cada especie cumple una función dentro de ese complejo universo marino.

En el caso del pez loro, por ejemplo, su alimentación contribuye al control de las algas y a la producción de arena.

Para ella, explicar estas relaciones es también una forma de conservación.

Su filosofía es sencilla: para proteger algo primero hay que conocerlo y aprender a valorarlo.

Actualmente continúa educando a través de sus redes sociales, colaborando con el vivero de coral de Palmar de Ocoa, impartiendo clases de buceo y ofreciendo charlas educativas.

Es, como ella misma define, parte de su “vocación personal”.

 

Ciencia para recuperar los arrecifes

Su labor educativa se complementa con una intensa actividad científica.

Actualmente, Rebecca es especialista de Operaciones Marinas de Conservación en la Fundación Grupo Punta Cana, donde trabaja junto a su equipo en la protección y recuperación de los ecosistemas coralinos.

Su trabajo incluye el mantenimiento de viveros de coral, el monitoreo y evaluación de arrecifes, el seguimiento de enfermedades de los corales y de las zonas de trasplante, así como proyectos de reproducción sexual asistida.

Monitoreamos enfermedades de los corales, hacemos seguimiento a nuestras zonas de trasplante de coral, reproducción sexual asistida, entre otras cosas, y cuál es nuestro impacto real, qué está pasando y cuáles son esos cambios que hay en nuestros arrecifes”, explica.

Toda esta información permite conocer la evolución de los arrecifes y adaptar las estrategias de conservación.

Punta Cana, Cap Cana y Bayahíbe forman parte del Santuario Marino Arrecifes del Sureste, una zona de gran importancia para la protección de los ecosistemas marinos.

Para Rebecca, la ciencia permite transformar la preocupación en acciones concretas: observar, medir, comprender y actuar.

 

Rebecca García Camps

Rebecca García Camps

 

Cuando proteger también significa ver morir

Su trabajo tiene una cara maravillosa, pero también momentos difíciles.

Mi trabajo es bonito y, a la vez, un poco retador, porque uno ve las especies que uno quiere proteger morir a veces”, reconoce.

Sin embargo, Rebecca encuentra esperanza en el trabajo colectivo.

Es un trabajo en equipo muy bonito”, afirma.

Y en ese equipo la comunidad ocupa un lugar fundamental. Los pescadores participan, por ejemplo, en el monitoreo de biomasa y aportan información esencial para comprender qué está ocurriendo en los ecosistemas.

Tenemos pescadores que hacen el monitoreo de biomasas junto a nosotros y son clave para nosotros conocer los datos que pueden cambiar el destino de los arrecifes”, explica.

Para ella, los pescadores no son espectadores de la conservación.

Son parte de la solución.

 

Rebecca García Camps

Rebecca García Camps

 

Turismo: disfrutar sin destruir

Desde su experiencia científica, Rebecca considera que uno de los grandes desafíos de República Dominicana es mejorar la coordinación entre las instituciones responsables de proteger los recursos naturales y fortalecer la fiscalización.

Considera que el país cuenta con leyes para proteger estos ecosistemas, pero entiende que también es necesario garantizar su cumplimiento.

Y plantea una reflexión especialmente importante para un destino cuyo desarrollo está estrechamente ligado al turismo:

Hay que valorar ese turismo que brinda el arrecife de coral”.

Para ella, conservar los arrecifes significa también proteger la economía, las comunidades costeras y el futuro turístico del país.

Por eso advierte:

A veces estamos vendiendo un turismo destructivo”.

Su mensaje, sin embargo, no es contrario al turismo. Defiende precisamente lo contrario: un turismo capaz de comprender que la naturaleza que atrae al visitante también necesita ser protegida.

 

Un mundo de colores que se está volviendo marrón

A quienes nunca han visto un arrecife de coral, Rebecca les invita a imaginar un mundo oculto y extraordinario: un arrecife lleno de colores, corales vivos, peces y vida.

Un arrecife lleno de colores, corales vivos, peces, vida”, explica.

Ella conoce ese mundo y teme que las nuevas generaciones puedan llegar a conocer únicamente arrecifes degradados.

Me encantaría mostrarles ese mundo oculto lleno de colores, que poco a poco se está volviendo marrón”, afirma.

Y existe algo más que le preocupa: la pérdida progresiva de la belleza de estos ecosistemas.

Esa perspectiva de belleza de los arrecifes se pierde generacionalmente, ya que cada vez más se va perdiendo su belleza”, advierte.

Pero un arrecife no es solamente un paisaje hermoso.

Es alimento, refugio, protección y sustento para numerosas especies y comunidades.

 

Cuando se pierde un arrecife, se pierde mucho más

La desaparición o degradación de los arrecifes tiene consecuencias que van mucho más allá del fondo marino.

Cuando un arrecife deja de funcionar adecuadamente, las comunidades pesqueras pueden verse obligadas a desplazarse cada vez más lejos para encontrar los recursos que antes tenían cerca, aumentando sus costes y riesgos.

También se pierde una importante barrera natural frente a la fuerza del mar.

Cuando perdemos ese arrecife, vemos cómo se erosiona la costa, y si hay un huracán o una tormenta, nuestras viviendas locales también se ven afectadas porque no tienen esa barrera protectora natural”, explica.

A esto se suma la pérdida de oportunidades para actividades turísticas como el buceo, el snorkel o el kayak.

En definitiva, cuando desaparece un arrecife, no solo perdemos corales: perdemos protección, alimentos, empleo, turismo y una parte de la identidad natural del Caribe.

 

 

El turista puede ser parte de la solución

Rebecca considera que el viajero tiene un enorme poder para impulsar el cambio.

El turista tiene un gran peso en la conservación y la protección de esos ecosistemas, porque el turista es el que decide dónde quiere ir”, afirma.

La creciente demanda de experiencias de turismo sostenible representa, para ella, una oportunidad.

Cada vez más viajeros buscan actividades vinculadas a la naturaleza y experiencias con propósito: limpiar un arrecife, participar en la restauración de corales o conocer de cerca los ecosistemas marinos.

Los turistas pueden empujar a que las empresas sean más sostenibles y tengan mejores prácticas para conservar esos ecosistemas”, sostiene.

El visitante, por tanto, no tiene por qué ser solamente consumidor de naturaleza.

También puede convertirse en aliado de su protección.

La historia de Rebeca demuestra que una vocación puede comenzar en un lugar tan sencillo como una playa de y crecer hasta convertirse en una misión.

Porque proteger el Caribe también significa proteger aquello que hace que el Caribe sea Caribe.

 

 

 

Ángela Carrasco

Periodista especializada en comunicación digital, periodismo tradicional y relaciones públicas, con una sólida trayectoria que combina más de 15 años de experiencia en la gestión de contenidos editoriales y recursos humanos.
Es licenciada en Ciencias Humanas, mención Comunicación Social y Periodismo, por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (USAD). Posteriormente realizó un postgrado en Relaciones Públicas en la Universidad Católica de Santo Domingo, y en 2013 obtuvo una maestría en Comunicación Digital en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).

Desde julio de 2021 se desempeña como periodista y coordinadora de contenidos en la revista Soy Caribe Premium. A partir de 2022, amplió su labor periodística colaborando con el medio Dominicanos X Europa, en el que desarrolla reportajes y entrevistas orientados a la diáspora dominicana en España. A partir de su residencia en España, también colabora como periodista en el medio digital español, Interbenavente.



Translate »