16 Jun El efecto invisible de las vacaciones
Cómo viajar transforma el cerebro, reduce el estrés y nos devuelve a nosotros mismos
Un estudio publicado en el Journal of Happiness Studies reveló que las personas que planifican y realizan viajes experimentan mayores niveles de felicidad y bienestar emocional que quienes no toman vacaciones. Lo más sorprendente es que el efecto positivo comienza incluso antes de partir: la anticipación del viaje ya genera emociones asociadas al placer y la motivación.
Hay viajes que empiezan mucho antes de hacer la maleta.
Comienzan en la imaginación. En una fotografía frente al mar. En la idea de escapar, aunque sea por unos días, de la rutina y las obligaciones. La ciencia explica esa sensación a través de la dopamina, el neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa. Pero viajar va mucho más allá de un simple proceso químico: es una experiencia profundamente humana que transforma la forma en que percibimos el tiempo, el estrés y a nosotros mismos.
La destacada psiquiatra española Marian Rojas Estapé sostiene que cambiar de entorno altera nuestra percepción temporal. Cuando rompemos con la rutina, el cerebro deja de funcionar en “piloto automático” y los días parecen más largos y significativos. Durante las vacaciones, la mente reduce el estado de alerta constante y recupera algo escaso en la vida moderna: la sensación de presencia.

Lejos de las responsabilidades cotidianas, disminuyen la ansiedad y el agotamiento mental. El descanso no proviene únicamente de dormir más o trabajar menos, sino de permitir que el cerebro se desconecte de los estímulos repetitivos y vuelva a experimentar novedad.
El cerebro necesita descubrir
Desde el punto de vista neurológico, viajar representa un estímulo extraordinario para el cerebro. Nuevos paisajes, sabores, idiomas y sonidos activan regiones relacionadas con la memoria, la atención y el aprendizaje.
El neuropsicólogo español José Antonio Galiani explica que estas experiencias fortalecen la llamada reserva cognitiva, una capacidad del cerebro para adaptarse y mantenerse flexible con el paso de los años. Cada viaje obliga a observar, interpretar y aprender.Y en ese proceso ocurre algo importante: recuperamos la curiosidad.
Otro estudio, publicado en la revista Tourism Management, concluyó que el bienestar asociado a los viajes puede mantenerse incluso semanas después del regreso, especialmente cuando la experiencia incluye contacto con la naturaleza, exploración y conexión emocional con el destino.

La sensación de “ser otra persona”
El psicólogo argentino Javier Labourt afirma que salir del entorno habitual crea una distancia emocional frente a los problemas cotidianos. Las preocupaciones siguen existiendo, pero dejan de ocupar todo el espacio mental. Quizá por eso muchas personas sienten que cambian cuando viajan. No porque se conviertan en alguien distinto, sino porque, lejos de las expectativas sociales y las rutinas diarias, aparecen versiones más espontáneas y libres de sí mismas.
La psicóloga clínica y terapeuta familiar dominicana Andrea Trujillo, explica que nuestra identidad cotidiana está profundamente ligada a los roles que desempeñamos: trabajador, padre, madre, pareja o cuidador. Cuando esos roles se suspenden temporalmente, disminuye la autocensura y surgen nuevas formas de pensar y actuar.
“Los viajes permiten salir del modo automático y conectar con necesidades emocionales que muchas veces ignoramos en la rutina diaria”, sostiene la especialista.

El descanso también se planifica
Sin embargo, no todas las vacaciones generan bienestar. Los expertos coinciden en que los viajes más beneficiosos son aquellos que logran equilibrar exploración y descanso. Un itinerario excesivamente cargado, la presión por “aprovechar cada minuto” o la hiperconectividad pueden transformar el descanso en una nueva fuente de estrés.
Para Andrea Trujillo, el bienestar emocional depende menos del destino y más de la forma en que se vive la experiencia. La desconexión digital parcial, la flexibilidad y el contacto genuino con el entorno permiten que el viaje tenga un impacto más profundo y duradero. También influye la manera en que compartimos la experiencia. Viajar con personas afines fortalece vínculos y crea recuerdos emocionales que permanecen en el tiempo.
Una pausa que transforma
La psicología ha demostrado que las experiencias generan una felicidad más duradera que las posesiones materiales. El cerebro se acostumbra rápidamente a los objetos, pero conserva con intensidad los recuerdos asociados a las vivencias.
Quizá por eso, años después, una persona puede olvidar lo que compró, pero recordar perfectamente el sonido del mar en una playa desconocida o una conversación durante un viaje. Viajar no es solo desplazarse. Es interrumpir el ritmo acelerado de la vida cotidiana. Recuperar la curiosidad. Respirar distinto.
Fotografías: fuentes externas
Periodista especializada en comunicación digital, periodismo tradicional y relaciones públicas, con una sólida trayectoria que combina más de 15 años de experiencia en la gestión de contenidos editoriales y recursos humanos.
Es licenciada en Ciencias Humanas, mención Comunicación Social y Periodismo, por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (USAD). Posteriormente realizó un postgrado en Relaciones Públicas en la Universidad Católica de Santo Domingo, y en 2013 obtuvo una maestría en Comunicación Digital en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).
Desde julio de 2021 se desempeña como periodista y coordinadora de contenidos en la revista Soy Caribe Premium. A partir de 2022, amplió su labor periodística colaborando con el medio Dominicanos X Europa, en el que desarrolla reportajes y entrevistas orientados a la diáspora dominicana en España. A partir de su residencia en España, también colabora como periodista en el medio digital español, Interbenavente.


































































































































