Truman Capote y el Destornillador un cóctel para abrir los secretos

Truman Capote y el cóctel Destornillador, su “bebida de naranja”

Tiempo de lectura estimado: 5 minutos

Más que un hábito, el alcohol fue para Truman Capote una cuerda floja: se balanceaba entre la luz y la sombra, con un destornillador en la mano y el verbo afilado en los labios. Entre fiestas interminables en Nueva York y noches de escritura solitaria en Palamós, el creador de Desayuno en Tiffany’s se aferraba a su vaso de vodka con jugo de naranja como quien agita una coctelera llena de palabras, secretos y escándalos.

Su vida fue un cóctel fuerte, con aroma a cítricos, con hielo y sin filtros. Un trago que llamaba con cariño su “bebida de naranja”, el Destornillador.

 

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El niño abandonado que conquistó la alta sociedad

Truman Capote nació en Nueva Orleans en 1924 y creció entre tías en Alabama. Desde muy joven, su talento narrativo deslumbró al mundo editorial. Era pequeño, refinado, con voz aguda y modales provocadores. Fascinaba y repelía por igual. Su genialidad le abrió las puertas de la élite neoyorquina, pero también lo dejó solo entre excesos, traiciones y adicciones.

Fue el padre del nuevo periodismo con A sangre fría (1966), una obra maestra de la crónica novelada. Pero también el bufón cruel de la jet set, que se atrevió a traicionar a sus amigas más íntimas —las famosas “cisnes” de la alta sociedad— en un relato escandaloso publicado en Esquire. Fue adorado y luego repudiado. Como él mismo dijo: “La literatura lo justifica todo”.

 

Truman Capote y la receta del Destornillador un cóctel básico

 

Un viaje a Haití y una casa de flores

El Caribe no fue para Truman Capote un simple decorado exótico, sino un territorio de revelación literaria. Su viaje a Haití en 1948, cuando tenía apenas veintitrés años y acababa de publicar la novela que lo lanzó a la fama, marcó un antes y un después en su manera de mirar el mundo y de escribirlo. Haití fue su primer viaje fuera de Estados Unidos y también el primer lugar donde comprendió que la realidad —cuando se observa con atención— puede ser tan perturbadora como la ficción.

De esa experiencia nació una parte esencial de su obra temprana. En Otros ámbitos, otras voces, Truman Capote explora el desarraigo, la identidad y el encierro emocional a través de personajes que viven en habitaciones cerradas, casas aisladas y espacios cargados de misterio. Aunque la novela está ambientada en el sur estadounidense, su atmósfera dialoga con lo que Capote encontró en Haití: una frontera difusa entre lo visible y lo invisible, entre la vida cotidiana y lo ritual.

 

Truman Capote Desayuno en Tiffanys
Desayuno en Tiffany’s
es una extraordinaria novela corta que, por sí sola, bastaría para consagrar a un autor. Los cuentos «Una casa de flores», «Una guitarra de diamantes» y «Un recuerdo navideño» completan esta edición de Editorial Anagrama.

 

Pero es en el relato Una casa de flores donde Haití aparece de forma directa y luminosa. La historia de Ottilie, una joven prostituta haitiana que abandona el burdel de Puerto Príncipe para seguir a un hombre hacia las montañas, es mucho más que una fábula tropical. Es un texto atravesado por el vudú, la sexualidad, la violencia simbólica, el racismo y la soledad. Truman Capote describe prostíbulos cubiertos de buganvilias, ceremonias nocturnas, houngans andróginos (sacerdotes del Vudú) y una naturaleza tan bella como amenazante.

El Caribe aparece aquí como un espacio donde el deseo y el peligro conviven, donde amar implica exponerse a lo inexplicable.

 

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Cartel del musical «House of Flowers», inspirado en el cuento de Truman Capote

 

Este relato fue posteriormente adaptado como musical de Broadway, House of Flowers, un proyecto ambicioso y conflictivo que Capote recordaría con ambivalencia. Sin embargo, incluso en su versión teatral —con tambores caribeños, steel drums y coreografías afroantillanas—, se mantiene el pulso de aquel viaje inicial: Haití como lugar de fascinación y desconcierto, como espejo de los propios miedos del autor.

Años más tarde, esa mirada entrenada en Haití se transformaría en una herramienta literaria decisiva. Capote aprendería a observar sin juzgar, a describir sin explicar del todo, a dejar que los hechos hablen con una musicalidad inquietante. Esa técnica alcanzaría su máxima expresión en A sangre fría, donde el escritor inaugura la novela de no ficción y demuestra que la realidad puede ser narrada con la tensión de una tragedia clásica.

En libros posteriores como Música para camaleones, Capote vuelve a mezclar crónica, memoria y ficción, confirmando que su obra siempre orbitó alrededor de los márgenes: los excluidos, los solitarios, los que no encajan. Como Haití, como Ottilie, como él mismo.

 

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El Destornillador: una herramienta de placer

Si Hemingway tenía su mojito y Faulkner su mint julep, Capote tenía su Screwdriver. No era sólo un cóctel, sino un acompañante de escritura, un calmante elegante y cítrico para las tormentas de su mente. Bebía martinis, sí, pero al destornillador lo llamaba con ternura “mi bebida de naranja”.

Contaba su abogado que en sus últimos años, cuando parecía beber solo zumo de frutas, todos sabían que el vaso estaba “lleno hasta la mitad de vodka”. El Destornillador fue su fiel aliado durante las fiestas en Studio 54, los almuerzos con Marilyn Monroe y las madrugadas de escritura en el Hotel Trias de la Costa Brava.

 

Truman Capote y la receta del Destornillador un cóctel básico

 

El origen del cóctel Destornillador: entre tornillos y secretos

El cóctel Destornillador —Screwdriver, en inglés— parece surgido de una broma de mecánicos, pero esconde una historia tan sencilla como ingeniosa. En su forma más básica, es apenas una mezcla de vodka con jugo de naranja. Sin embargo, su origen está lleno de matices que evocan clandestinidad, creatividad y sed de evasión.

Hay quienes aseguran que nació durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados estadounidenses, sedientos y cansados, añadían vodka al jugo de naranja para camuflar el sabor del alcohol. Lo removían con lo que tenían a mano: un destornillador. De ahí, dicen, el nombre.

Otra versión sitúa su creación entre los ingenieros petroleros estadounidenses que trabajaban en el Golfo Pérsico a mediados del siglo XX. Al no disponer de cucharas o varillas de bar, también optaban por agitar la mezcla con herramientas de trabajo. Un acto mínimo de rebeldía convertido en hábito: el almuerzo se acompañaba con zumo y vodka, agitado con el destornillador aún manchado de grasa.

La tercera historia se remonta a los días de la Ley Seca en Estados Unidos, cuando el alcohol se escondía tras eufemismos y códigos. En bares clandestinos, pedir un “destornillador” era una manera astuta de solicitar una bebida que parecía inocente pero que ocultaba el calor invisible del vodka. La clave no estaba solo en el trago, sino en saber pedirlo.

En 1949, una crónica en la revista Time registraba por primera vez esta combinación como el «último brebaje yankee», servido en el Park Hotel de Estambul, donde agentes de inteligencia turcos, refugiados balcánicos y técnicos norteamericanos compartían historias de guerra con este cóctel en la mano. Así, el destornillador pasó de ser un truco de supervivencia a un emblema cosmopolita.

Desde entonces, ha recorrido el mundo en vasos altos y cortos, con rodajas de naranja o con un simple hielo, como lo bebía Truman Capote: con cierta ironía, con fidelidad melancólica, con la mirada fija en el fondo del vaso. Más que un cóctel, el Destornillador es un puente entre la sencillez y la sofisticación, entre la literatura y el deseo de olvidar.

 

Truman Capote y la receta del Destornillador un cóctel básico

 

Receta clásica del Destornillador (Screwdriver)

Ingredientes (para 1 cóctel):

  • 50 ml de vodka
  • Zumo (jugo) de una naranja natural
  • Hielo en cubos
  • Rodaja y corteza de naranja para decorar
  • Opcional: una cereza (para el toque Capote)

Preparación:

  1. Llena un vaso tipo highball con hielo.
  2. Añade el vodka.
  3. Agrega el jugo de naranja recién exprimido.
  4. Remueve suavemente (sin usar un destornillador, aunque ahí esté el origen del nombre).
  5. Decora con una rodaja de naranja y, si quieres, una cereza.

 

 

Brindis final: sueños con rodajas de naranja

Capote escribió con alcohol en las venas, pero también con una lucidez cruel. Fue un explorador de lo oculto, de lo marginal, de lo hermoso y lo roto. El Caribe fue para él una isla espiritual, un lugar donde la vida y la muerte bailaban con tambores. El Destornillador fue su llave de paso a otros mundos, su ritual privado en medio del glamour.

Que esta mezcla sencilla —como su prosa más íntima— nos recuerde que hay cocteles que abren puertas, como las buenas historias. Y que a veces, como él mismo decía, la literatura y el alcohol pueden mezclarse con brillante elegancia.

Un brindis por Truman Capote, por Haití y por todos los outsiders que escriben desde las sombras.

 

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Pablo Gamarci Bernard

Redactor.   Viajero. Webmaster de la web. Diseñador gráfico y editorial, edición de audio y video. Miembro de ACPI (Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana).



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