Nicolás Guillén y el mojito habanero: ritmo, ron y palabra mestiza

Nicolás Guillén y el mojito habanero: ritmo, ron y palabra mestiza

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Nicolás Guillén no escribió desde una torre de marfil ni desde la nostalgia elegante. Escribió con el cuerpo, con la boca llena de ritmo, con el oído pegado a la calle y con los pies hundidos en la tierra caliente de Cuba. Su poesía se escucha, se baila, se golpea como un tambor.

Por eso, si hubiera que servir un trago para acompañar su obra, no sería un cóctel sofisticado ni una bebida importada. Sería algo fresco, popular, cubano hasta la médula: un mojito habanero bien hecho, con ron y hierbabuena.

 

Nicolás Guillén en La Habana
Nicolás Guillén en La Habana

 

Poeta nacional, poeta del son

Nacido en Camagüey en 1902, Nicolás Guillén es el Poeta Nacional de Cuba y una figura central de la literatura caribeña del siglo XX. Periodista, activista político y militante comunista, su obra evoluciona desde la celebración rítmica de la cultura afrodescendiente hasta una poesía abiertamente social y antiimperialista.

Con Motivos de son (1930) y Sóngoro cosongo (1931), Nicolás Guillén irrumpe con una voz nueva: una poesía que incorpora el son cubano, la oralidad, la musicalidad africana y el habla popular. Él mismo llamó a su estética el “color cubano”: ni blanca ni negra, sino mestiza, híbrida, antillana.

Más tarde, en libros como West Indies, Ltd. o Cantos para soldados y sones para turistas, su poesía se vuelve una herramienta de denuncia contra el colonialismo, la explotación económica y la dominación extranjera en el Caribe.

 

 

El Caribe como tambor político

Para Nicolás Guillén, el Caribe no es un paisaje exótico, sino un espacio histórico compartido: islas marcadas por el azúcar, la esclavitud, la música y la resistencia. En West Indies, Ltd. amplía su mirada más allá de Cuba y construye una conciencia pan-caribeña, donde las Antillas aparecen unidas por una misma herida colonial.

El mar, los puertos, los centrales azucareros, el cuerpo negro explotado y el ritmo como forma de supervivencia atraviesan su obra. Guillén fue, en muchos sentidos, el primer poeta caribeño moderno, consciente de que la identidad antillana era colectiva, no insular.

 

 

Ron, fiesta y vida cotidiana

El alcohol en Guillén no es decadencia ni autodestrucción, como en otros autores. Es costumbrismo, ambiente, vida social. El ron aparece en sus poemas como parte natural del mundo popular cubano: en la fiesta, en el baile, en la taberna, en la conversación.

Existe incluso un verso breve, casi irónico, que se le atribuye:

“Yo soy borracho.
Me seduce el vino…”

No hay en su obra una reflexión sobre el alcoholismo, sino una integración del beber como acto social, ligado a la música, al descanso y a la comunidad. El ron es cultura, no fuga.

«Motivos de son»: ritmo, voz y negritud

Publicado en 1930, Motivos de son inaugura una forma nueva de poesía en Cuba: una poesía que no describe el ritmo, sino que lo encarna. Guillén introduce en el poema la cadencia del son cubano, su oralidad, su repetición y su musicalidad, desplazando el centro de la literatura hacia la voz popular afrodescendiente.

 

Portada Motivos de son de Nicolas Guillen
Portada del libro «Motivos de son» de Nicolás Guillén

 

El libro legitima el habla cotidiana como materia poética y convierte al mestizaje en eje estético y político. Aquí la lengua baila, interpela y resiste. No hay folclorismo ni condescendencia: hay conciencia de forma, oído y voluntad de ruptura.

En Motivos de son, la poesía se vuelve conversación, canto y cuerpo. Es una escritura pensada para circular, para decirse en voz alta, para mezclarse con la noche habanera. Como el mojito, su fuerza está en el equilibrio: sencillez aparente, complejidad rítmica y una identidad inseparable del lugar que la produce.

Nicolás Guillén escribió versos que suenan como música viva:

Mulata

 

Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata.
Y fíjate bien que tú
no ere tan adelantá,
poqque tu boca é bien grande,
y tu pasa, colorá.
Tanto tren con tu cueppo,
tanto tren;
tanto tren con tu boca,
tanto tren;
tanto tren con tu sojo,
tanto tren.
Si tú supiera, mulata,
la veddá:
que yo con mi negra tengo,
y no te quiero pa ná!

 

Mojitos de Bodeguita del Medio La Habana
Preparando mojitos en la barra de la «Bodeguita del Medio» en La Habana

 

Mojito habanero: mestizaje en un vaso

Aquí la elección es clara.

El mojito habanero —ron blanco cubano, lima, azúcar de caña, hierbabuena y soda— funciona como una metáfora líquida de la poesía de Nicolás Guillén: mezcla, ritmo y equilibrio sin jerarquías.

  • Ron: herencia africana, caña de azúcar, historia colonial.
  • Azúcar y lima: dulzura y acidez, contraste permanente.
  • Hierbabuena: frescura popular, sabor local.
  • Soda: ligereza, ritmo, movimiento.

Todo está mezclado, como en sus versos. Nada domina por completo: cada ingrediente aporta al conjunto, del mismo modo que en la poesía de Guillén conviven lo africano y lo europeo, lo popular y lo culto, la fiesta y la denuncia.

 

Receta del mojito habanero de Nicolas Guillen

 

Receta tradicional del mojito habanero

La versión auténtica, la que se prepara en La Habana, respeta la sencillez y el gesto:

  • 2 cucharaditas de azúcar de caña
  • Zumo de media lima fresca
  • 6–8 hojas de hierbabuena cubana
  • 50 ml de ron blanco cubano
  • Agua con gas
  • Hielo

En un vaso alto, se machacan suavemente el azúcar, la lima y la hierbabuena —sin romper las hojas—. Se añade el ron, hielo al gusto y se completa con soda. Se remueve despacio, sin agitar, dejando que el trago conserve su frescura y su ritmo.

Además, Guillén fue visitante habitual de La Bodeguita del Medio, templo habanero del mojito, donde su firma comparte pared con músicos, escritores y poetas. No es un detalle menor: allí el mojito no es un reclamo turístico, sino una forma de conversación, como sus poemas.

 

Bodeguita del Medio La Habana
«Bodeguita del Medio» en La Habana

 

¿Y el Cuba Libre? No.

Aunque Cuba Libre es el título de una antología de su poesía traducida por Langston Hughes en 1948, el cóctel no le pertenece. Ron con Coca-Cola —símbolo del influjo estadounidense— choca frontalmente con el Guillén antiimperialista, crítico de la dominación económica y cultural del país del norte.

El mojito, en cambio, es cubano sin intermediarios, hecho con ingredientes locales, sin marcas globales. Es identidad, no colonización embotellada.

 

Cierre: son número 6 (con hielo)

 

 

Su poesía sigue golpeando como clave y bongó. Leerlo con un mojito en la mano no es frivolidad: es escuchar el ritmo correcto, dejar que la palabra entre con frescura, azúcar y ron.

Porque en Nicolás Guillén, como en el mojito bien hecho, todo es mezcla, todo es pulso, todo es Cuba.

 

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Pablo Gamarci Bernard

Redactor.   Viajero. Webmaster de la web. Diseñador gráfico y editorial, edición de audio y video. Miembro de ACPI (Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana).



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