26 Nov Rita Indiana y el cóctel «Trance afrocaribeño»: un trago que invoca a los orishas
En el Caribe de Rita Indiana no hay playas de catálogo ni cócteles con sombrillita. Su territorio es otro: el del colmado con dembow distorsionado a todo volumén, la santería que conversa con los satélites, lo afrocaribeño que se mezcla con lo digital, lo urbano que no pide permiso. Su obra habla de cuerpos mutantes, de poder que contamina, de una lengua que no adorna: incendia con palabras.
Este artículo propone un cóctel nacido de ese mismo universo, donde el alcohol no sirve para olvidar, sino para activar. No es un sorbo decorativo: es trance, rito, memoria líquida. Porque en la escritura de Rita Indiana —como en su música— lo sagrado y lo callejero se mezclan sin pedir disculpas. Por eso aquí el trago no viene con piña y azúcar, sino con tamarindo, jengibre y picante. Un cóctel que no refresca: despierta los sentidos. Como ella, impredecible, feroz, híbrida, imposible de domesticar.

La ciencia ficción nació en Santo Domingo
Rita Indiana nació en Santo Domingo, República Dominicana en 1977, y desde entonces ha reescrito todas las reglas.
Escritora, música, artista queer y agitadora cultural, es una de las voces más originales del Caribe contemporáneo. Se dio a conocer con relatos breves cargados de irreverencia y realismo sucio (Rumiantes, Ciencia succión), pero alcanzó notoriedad internacional con su novela La mucama de Omicunlé (2015): una distopía afrofuturista donde la santería, la corrupción y la inteligencia artificial se cruzan como ríos contaminados en un Caribe mutante y feroz.
En esa novela, como en su música, Rita Indiana mezcla mitología yoruba con ciencia ficción, política caribeña con espiritualidad negra, identidades fluidas con cuerpos rituales. Su obra es una fiesta distorsionada donde el lenguaje no busca complacer, sino sacudir.

Obra destacada: La mucama de Omicunlé
Ambientada en una República Dominicana futura, asfixiante y corrupta, La mucama de Omicunlé nos lanza a un Caribe donde la tecnología convive con los orishas, el poder político se mezcla con rituales ancestrales, y el cuerpo se convierte en un territorio en disputa.

Portada del libro «La mucama de Omicunle» escrito por Rita Indiana
La protagonista, Acilde Figueroa, es una joven trans en una sociedad dominicana plagada de violencia, tecnología y espiritualidad. Su cuerpo y su identidad son el campo de batalla entre lo sagrado y lo profano, entre el pasado esclavista y un porvenir aún más brutal. Rita Indiana narra con una lengua cruda, ágil, contaminada de reguetón, santería, ciencia ficción y política tropical.
La mucama de Omicunlé no se lee: se escucha, se huele, se disfruta con incomodidad. Es una novela que no busca respuestas, sino que invoca preguntas. Este libro no se parece a nada. ¿Qué significa ser caribeño en el siglo XXI? ¿Dónde termina el cuerpo y comienza el espíritu? ¿Quiénes nos protegen cuando el sistema y la sociedad nos abandonan?

Rita Indiana: la música como invocación
Antes que novelista, Rita Indiana fue ritmo. O quizás nunca dejó de serlo. Su paso por la música no fue un desvío, sino una extensión natural de su arte: palabra hecha con tambores, con verso en ritmo de dembow. Con su banda Los Misterios, creó un universo sonoro donde el merengue se mezcla con la electrónica, la sátira social con la poesía ritual, y la pista de baile se convierte en altar.
Su disco El Juidero (2010) no solo agitó el panorama musical dominicano, lo electrificó. Canciones como La hora de volvé o El castigador mezclan el habla callejera con referencias literarias, políticas y religiosas. Su voz —áspera, directa, profética— canta con la misma potencia con la que narra: para molestar, para liberar, para curar.
Para Rita, la música es también una forma de escritura, un espacio donde el género, la identidad y la herencia afrocaribeña se reconfiguran. Una DJ del lenguaje, que mezcla tradición y distorsión con una libertad radical.

Un cóctel que represente a Rita Idiana…
Será con alcohol como trance, no como evasión. En los mundos que crea Rita Indiana, el alcohol no sirve para olvidar, sirviría para invocar la memoria. Que represente esa parte del paisaje urbano dominicano —colmados, fiestas, resacas—, pero también una puerta hacia lo espiritual, una herramienta de rito, una herencia afro que se niegue a desaparecer.
El alcohol que mejor encajaría con el universo de Rita Indiana no es el ron turístico, sino el Clerén haitiano: aguardiente de caña, popular, clandestino y sin glamour. El Clerén no aparece en los cócteles de hotel ni en los paquetes “all inclusive”; vive en los campos, en los velorios y en los rituales vudú. Es fuerte, terroso, directo: una bebida con historia, con ritmo y con profundas raices africanas.

El Clerén haitiano
El Clerén es un aguardiente que nace de la precariedad, sí, pero también de la memoria: es una bebida hecha en alambiques rurales de Haití, transmitida por generaciones, consumida popularmente por campesinos, en los velorios y se utiliza en los rituales vudú. No es un licor turístico: es una bebida de herencia africana y caribeña, pero tambien de vínculo comunitario, de trance espiritual.
Su fabricación es artesanal y muchas veces ilegal, adulterada, lo que explica los riesgos sanitarios que lo rodean y su mala fama derivada, por la situación actual de Haití. Pero reducirlo solo a eso es borrar parte de la historia. El Clerén forma parte del paisaje cultural haitiano como la tambora, el créole o el lwa: se bebe para acompañar el trabajo duro, para soportar la ausencia del Estado, y para abrir la puerta a los espíritus en las ceremonias vudu. El ron pertenece al Caribe exportable; el Clerén, al Caribe que sobrevive sin permiso.
El Clairin: la versión legítima del mismo espíritu
El Clairin es el pariente legal y patrimonial del Clerén: mismo origen rural haitiano, pero destilado sin toxicidad, embotellado con nombres propios y protegido como herencia cultural. Se elabora en pequeñas comunidades, con caña local y fermentación natural. Mientras el clerén circula en botellas recicladas y en la economía de la carencia, el Clairin ya se embotella con denominación de origen con marcas como: Clairin Sajous, Casimir, Vaval, Le Rocher, etc que hoy aparece en barras de coctelería de Nueva York, París o Barcelona, reivindicado como “el ron más puro del Caribe”. Uno nace de la necesidad; el otro, de la tradición. Pero ambos recuerdan y son lo mismo: Haití también destila historia, incluso cuando es olvidado y el mundo no lo mira.
Cóctel: “Trance afrocaribeño” inspirado en Rita Indiana
Y si hay un cóctel que pudiera condensar todo eso —la denuncia, la autenticidad, lo urbano, las profundas raices africanas revindicadas— sería uno nuevo, inventado, híbrido, como ella.

Receta del coctel «Trance afrocaribeño» inspirado en Rita Indiana
Entre el colmado y el altar, entre el beat electrónico y el canto a los orishas, este cóctel inventado —a medio camino entre el rito y la distorsión— resume el pulso que atraviesa la obra de Rita Indiana. Aquí tienes la receta de este «Trance afrocaribeño».
Ingredientes
- 45 ml de Clairin
- 20 ml de jugo de tamarindo
- 20 ml de jugo de arandanos
- 15 ml de licor de jengibre (o jarabe de jengibre)
- 10 ml de Curaçao azul
- 10 ml de jugo de limón fresco
- 2 gotas de bitter picante (o unas gotas de ají picante)
- Hielo en cubos
- Anís estrellado, corteza de limón o rama de canela, para decorar
Preparación:
- Enfría un vaso bajo o una copa.
- Mezcla todos los ingredientes en una coctelera con hielo.
- Agita con fuerza, como si invocaras un espíritu.
- Sirve con hielo nuevo.
- Decora con un toque de anís estrellado y corteza de limón: que huela a misterio.
Sabor:
Dulce y ácido, picante y profundo: un sabor fuerte a futuro y resaca mística.
Brindar como acto de resistencia
Rita Indiana no escribe para complacer, sino para provocar y sanar. Su literatura y su música son un conjuro colectivo. Y este cóctel —imaginado, imposible, poderoso— es apenas un tributo a su fuerza, su ritmo, su lengua de machete afilado.
Beber un «Trance afrocaribeño» no es un acto turístico: es una ceremonia. Un gesto de respeto hacia lo sagrado, lo mutante, lo queer y lo caribeño. Porque en el mundo de Rita Indiana, la palabra cura, la música convoca y el alcohol… despierta.
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Redactor. Viajero. Webmaster de la web. Diseñador gráfico y editorial, edición de audio y video. Miembro de ACPI (Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana).
















































