La historia del ponche: El rey de la navidad

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La ilusión de cada niño es saber que dos o tres meses después de empezar el cole, se despertará en el ambiente un mágico y extraño aire festivo. 

Aquí  el año no se divide por estaciones según la temperatura de la atmosfera aquí, cuando el invierno se va apoderando de las tierras del norte, el sol cambia de ángulo, la luz adquiere más calidez, los atardeceres se pintan de tonos rojizos.

 Un aire fresco, ligeramente punzante y el olor a ozono se evaporan en el ambiente cuando se levanta el sol. Nadie dice estamos en otoño, todos decimos: ya se levanta la brisa de Navidad.

La navidad en el Caribe es bastante cálida, muy intensa, colorida y se vive con tal pasión que pareciera que el resto del año es solo su preparativo. El intenso sabor de su música inunda todo el ambiente. Dicen por estas tierras, que la Navidad huele a lechón asado, sabe a pasteles, suena a frutos secos y se baña con ron. 

Cuando llegan los meses que terminan en “bre” se va despertando en el pueblo una algarabía extraordinaria, se renuevan las casas, se limpia el aura del ambiente con incienso y mirra; las tiendas se abarrotan y se desempolvan los adornos.Se ponen frutas o cereales a fermentar para que al llegar la navidad ya los licores estén listos. 

El rey de la Navidad es indiscutiblemente el cremoso ponche, ese rubio que aterrizó en el Caribe hace poco menos que un siglo, se desparramó por estas tierras y se quedó para siempre.

Por su textura mullida, tierna y apacible, se convirtió en el mimado de todos, no hay una canasta navideña sin su ponche, cuando no se fabrica en la familia se regala o se recibe. Con la excusa de que es el único licor que pueden beber los abuelos, a los niños también se les mojan los labios con una tapita de esta crema ligeramente borracha. 

El ponche crema, ponche de ron, ron ponche o solamente ponche, no es más que unas natillas muy ligeras a las que, una vez fría se pasa por la licuadora agregando una medida de ron y saborizando a gusto familiar, los más tradicionales llevan coco, vainilla o anís

En los últimos años se han popularizado los de sabores modernos: de pistachos, ciruelas pasas, dulce de leche, avellanas o Nutella.

Esta variante ha inyectado vida eterna para la bebida que, aunque se presume que viene de irlanda y de las Highlands de los whiskies, es en Venezuela donde existen los primeros registros de su elaboración de manera comercial y desde donde, presumiblemente, haya descendido hasta inundar toda la América central y la cuenca del Caribe. 

La primera receta que se conoce está patentada en Venezuela en 1904 por su supuesto valor nutricional, en sus inicios se suministraba a niños y mayores, ya que también le ayudaba con problemas respiratorios. 

El punch (en inglés) fue adoptado de la India por marineros de la Compañía Británica de las Indias Orientales y se extendió por el resto de Europa. La palabra deriva paanch: que en hindi significa 5. 

Por el número de sus ingredientes (té, azúcar, aguardiente de palma, limón y agua). En Europa se popularizó la costumbre de servirlo en grandes recipientes de cristal llamados poncheras.

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Hoy el término ponche es genérico y puede hacer referencia a una variedad de cócteles, con o sin alcohol como los cócteles de frutas (fruit punch) o las sangrías.

En España estos son más comerciales y puedes pedirlos en el bar en cualquier época del año. Son licores ligeros (25% alcohol) a base de pieles de naranjas, canela, vainilla, clavo de olor y nuez moscada.  

En México y Guatemala, donde el período de adviento adquiere vida propia, conocido con el exótico nombre de posadas”. Estas llenan de colorido, emociones y alegría las calles más populares y el ponche es uno de sus grandes protagonistas. se obtienen al infusionar o hervir diversas frutas con especias y azúcar, se pueden servir calientes o fríos, con o sin alcohol. 

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En la República Dominicana el ponche llega con las primeras brisas navideñas y se instala en todos los comercios, colmados, supermercados, se presenta desde un tetrapak, hasta unas botellas refinadas con aires vintage, pero lo más emotivo son las tardes de fabricación de ponches en las casas, el decorado especial de la botella y el salir a llevar el obsequio a vecinos, amigos o familiares. 

Sea cual sea la receta que se escoja, nada infunde más el espíritu de la Navidad, que visitar a los abuelos por la tarde y que te reciban con unos gajos de manzanas, unas uvas pasas, un cántaro de nueces y una copita del ponche de la abuela.

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