Madrid, la ciudad donde todos caben

Madrid, la ciudad donde todos caben

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Reza un dicho muy popular que “aquel que viene a Madrid es de Madrid”. Y es que hay ciudades que se visitan, pero hay otras, como la capital española, que se habitan desde el primer paso. Pedro Almodóvar dijo una vez que en Madrid aprendió “a ser libre”.

«Madrid tiene el encanto de lo que nunca se acaba de conocer». — Benito Pérez Galdós.  Destacar esta frase en azul como se ha hecho en otras ocasiones.

 

Madrid, la ciudad donde todos caben

 

Madrid no se recorre, se descifra, está el Madrid árabe, que se descubre entre las callejuelas del barrio de la Almudena; el de los Austrias, solemne y empedrado; el de los Borbones, majestuoso y palaciego; el romántico, de cafés literarios y bohemios; y el contemporáneo, donde los rascacielos de la Castellana conviven con los grafitis de Lavapiés.

La ciudad se estira y se contrae al ritmo del tiempo. Es política y festiva, señorial y popular, silenciosa y bulliciosa. “Hay un Madrid urbano, visible, burocrático, histórico y ruidoso y otro rural, invisible, mágico y trascendente”, decía el cronista Jesús Callejo en su libro Un Madrid insólito. Quizá esa dualidad explique por qué la capital se siente eterna y fugaz a la vez: una ciudad que respira pasado y, al mismo tiempo, late como una metrópoli moderna.

 

Madrid, la ciudad donde todos caben

 

Caminar por sus calles es recorrer la historia de España: del Siglo de Oro que vio a Cervantes y Lope de Vega —vecinos ilustres de la misma calle—, al romanticismo de Larra o los cafés donde Galdós tomaba nota de su tiempo. Hasta Bolívar pasó por aquí: en 1802 se casó con la madrileña María Teresa Rodríguez del Toro en la desaparecida parroquia de San José. Madrid siempre ha sido un punto de encuentro.

 

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La otra cara de la capital

Más allá de su centro monumental, la región madrileña guarda tesoros naturales y patrimoniales. Tres ciudades cercanas —Alcalá de Henares, San Lorenzo de El Escorial y Aranjuez— figuran en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. La primera, cuna de Cervantes, conserva un aire universitario y literario. El Escorial, con su imponente monasterio herreriano, resume la austeridad y grandeza del poder español. Y Aranjuez, con su Palacio Real y sus jardines, sigue siendo un refugio verde a media hora del bullicio urbano.

En los alrededores, el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y el Hayedo de Montejo ofrecen otra forma de entender Madrid: silenciosa, natural, casi mística. A veces, basta con salir una hora del centro para escuchar otro idioma: el del viento entre los pinos.

 

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Un pedazo de sabor del Caribe al estilo castizo

Pero Madrid no se entiende solo por sus calles o sus museos: también se saborea. A la sombra de las tabernas centenarias y los nuevos gastrobares en tendencia, la ciudad ha abierto su apetito al mundo. En los últimos años, la cocina caribeña ha encontrado aquí un escenario inesperado y diverso.

En Abya, en el barrio de Salamanca  fusiona arte contemporáneo y alta cocina en una experiencia que desafía etiquetas; mientras Apartaco, en Chamberí, el chef venezolano Leo Araujo convierte cada plato en un viaje afectivo a Caracas. Entre la amplia oferta mexicana que ha ganado protagonismo en Madrid, lugares como Bakan o Barracuda MX han sido reconocidos por su autenticidad y calidad dentro del panorama gastronómico —parte de una escena local cada vez más reputada por sus tacos, moles y sabores regionales auténticos—, generando conversación entre quienes buscan comida mexicana genuina en la capital. Y en pleno corazón de Colón, La Habanera ofrece un pedazo del Caribe con un guiño castizo, donde la estética tropical y los sabores caribeños se mezclan con la tradición madrileña.

El Caribe también suena en clave cubana: en La Negra Tomasa o Cuando Salí de Cuba, el aroma de la ropa vieja y los mojitos convive con la nostalgia de la isla. En Anica, los chefs dominicanos apuestan por reinterpretar las raíces de su tierra con técnicas contemporáneas, en lo que muchos consideran un paso hacia la alta cocina caribeña en Madrid. Y para la cocina boricua, El Casal de Pepa ha conseguido recrear el espíritu de Puerto Rico en la capital.

 

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Madrid, un lugar que te adopta

Esa presencia multicultural no es casual. Madrid ha aprendido a acoger acentos, sabores y ritmos sin perder el suyo propio. En los mercados de Chamberí o de San Miguel conviven las croquetas con los tostones, el jamón ibérico con el chicharrón o el ceviche. Y, como toda buena capital, se reinventa en su mesa: del cocido madrileño a la yuca frita, del vermut al ron añejo.

 

Fotografías:Visit Madrid / Fuentes externas

 

Nathalia Romero Díaz

Estudié periodismo, pero me interesan muchas otras cosas, por lo tanto, es una de mis tantas facetas. Nací en el Caribe, específicamente en República Dominicana, pero me considero una "antítesis caribeña". Me gusta la música, el arte y la cultura en general. Mi espíritu animal es Anthony Bourdain.



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