Un día entre chocolate y experiencias en KAH-KOW

Un día entre chocolate y experiencias en KAH-KOW

Tiempo de lectura estimado: 5 minutos

Hay días que parecen hechos para caminar sin prisa, descubrir nuevos rincones y dejarse sorprender por lo que una ciudad tiene para ofrecer. Así comenzó nuestra visita a KAH-KOW.

Llegamos temprano. El clima era perfecto y con la tranquilidad necesaria para recorrer la zona hasta encontrarnos con un lugar que, desde su entrada, despertó nuestra curiosidad.

 

Un aroma que abre el apetito

Su nombre se encuentra a la vista, acompañado de una entrada amplia que invita a descubrir qué hay detrás de sus puertas. Pero lo primero que nos recibió al entrar no fue precisamente una imagen, sino un aroma: profundo, intenso e inconfundible. El olor del chocolate estaba presente desde el primer momento y nos adelantaba que allí viviríamos una experiencia mucho más completa que una simple visita.

Y es que el cacao forma parte de una de las grandes riquezas agrícolas de la República Dominicana. El país es reconocido internacionalmente por la calidad de su cacao y por su producción de cacao orgánico, un producto que ha llegado a distintos mercados alrededor del mundo y que también ha servido como materia prima para importantes industrias chocolateras internacionales. Conocer un espacio dedicado a contar su historia nos pareció, desde el principio, una oportunidad para acercarnos a uno de los productos que forman parte de nuestra identidad.

Al entrar, descubrimos un espacio cuidadosamente diseñado alrededor del universo del cacao. Incluso la recepción tiene una forma inspirada en el propio fruto, un detalle que hace que la temática esté presente desde el primer momento. Más adelante encontramos una tienda llena de productos y souvenirs relacionados con el chocolate y el cacao, desde dulces y preparaciones para hacer brownies hasta detalles ideales para regalar o llevar como recuerdo.

 

La primera parada: la cafetería

Pero, para ser sinceras, nuestra primera parada tenía que ser la cafetería. El olor al llegar provocó un antojo en nosotras que, antes de comenzar el recorrido, decidimos probar algunos de los productos que allí ofrecen. Y, sin lugar a dudas, fue una muy buena decisión.

Una de las cosas que más nos gustó fue descubrir que la experiencia también contempla diferentes preferencias. Por ejemplo, quienes no consumen lactosa pueden disfrutar de una buena taza de chocolate caliente preparado con leche de almendras. Lo probamos y nos sorprendió su textura, ligera pero al mismo tiempo cremosa, mientras que el sabor del chocolate seguía siendo el verdadero protagonista. También disfrutamos de los brownies y, bueno, no podemos negarlo: estábamos tan encantadas con lo que estábamos comiendo que no podíamos dejar de sonreír y hasta bailar en nuestras sillas. Porque quienes saben lo que significa disfrutar de algo realmente rico entenderán perfectamente ese pequeño baile involuntario que aparece cuando el sabor supera las expectativas.

 

Del fruto a la barra de chocolate

Después de ese primer encuentro con el chocolate, llegó el momento de comenzar el recorrido. El equipo de KAH-KOW nos recibió de manera muy amable y nos explicó el proceso que íbamos a vivir. Una de las primeras cosas que aprendimos fue que, para llegar a una barra de chocolate, todo comienza en el fruto del cacao.

Durante el recorrido pudimos conocer las diferentes partes del fruto y comprender cómo se transforma hasta convertirse en el chocolate que conocemos. Primero está la fruta, luego aparece la pulpa que rodea las semillas y, a partir de ahí, comienza un proceso que involucra diferentes etapas hasta obtener el producto final.

 

Crear nuestro propio chocolate

Lo más divertido fue que no nos quedamos solamente observando. También tuvimos la oportunidad de preparar nuestra propia barra de chocolate. Antes de comenzar nos colocamos guantes y una redecilla para el cabello y, una vez listas, recibimos un recipiente con chocolate líquido y diferentes toppings para personalizar nuestra creación.

La actividad nos pareció especialmente entretenida porque convierte el proceso en una experiencia participativa. No se trata simplemente de escuchar cómo se fabrica el chocolate, sino de involucrarse y crear algo propio. Entre elegir los ingredientes, decidir cómo queríamos decorar nuestra barra y disfrutar del momento, terminamos descubriendo una actividad perfecta para compartir en familia, con amigos o en pareja.

Una vez terminada nuestra creación, las barras pasaron al congelador durante unos minutos. Mientras esperábamos, continuamos hacia otra parte del recorrido que nos llevó por la historia del chocolate.

 

Un viaje por la historia del cacao

Para comenzar, entramos a un espacio oscuro donde una proyección audiovisual, con una edición muy cuidada y elementos interactivos, nos introdujo en la historia de este producto. Fue interesante descubrir cómo la relación entre los seres humanos y el cacao ha cambiado a través del tiempo. Hubo épocas en las que el chocolate no se consumía como lo conocemos actualmente y ni siquiera se encontraba endulzado. Mucho antes de convertirse en una de las golosinas más populares del mundo, el cacao estuvo relacionado con creencias, tradiciones y culturas que lo consideraban un alimento de origen divino.

A medida que avanzábamos por las diferentes salas, la experiencia se volvía cada vez más sensorial. Pudimos conocer más sobre el fruto y probar incluso la pulpa que rodea las semillas del cacao, con un sabor particular que combina notas dulces y ácidas. Es uno de esos momentos en los que uno entiende que el chocolate tiene detrás un proceso mucho más complejo de lo que imaginamos.

 

Hay días que parecen hechos para caminar sin prisa, descubrir nuevos rincones y dejarse sorprender por lo que una ciudad tiene para ofrecer. Así comenzó nuestra visita a KAH-KOW.

 

La degustación, uno de los grandes momentos

Y, por supuesto, llegó uno de nuestros momentos favoritos: la degustación.

Tuvimos la oportunidad de probar chocolates con diferentes porcentajes de cacao, desde opciones mucho más intensas hasta otras más suaves, llegando incluso al chocolate blanco. Esta parte del recorrido nos permitió notar cómo el sabor y la intensidad cambian dependiendo de la composición de cada chocolate. También es una buena manera de comprender que no todos los chocolates saben igual y que el porcentaje de cacao tiene mucho que ver con la experiencia final.

 

Hay días que parecen hechos para caminar sin prisa, descubrir nuevos rincones y dejarse sorprender por lo que una ciudad tiene para ofrecer. Así comenzó nuestra visita a KAH-KOW.

 

Mucho más que chocolate

Entre las distintas experiencias que ofrece KAH-KOW también se encuentra la posibilidad de conocer otros usos derivados del cacao. Una de ellas es el taller de elaboración de jabones a base de manteca de cacao, donde los visitantes pueden crear su propio jabón, escogiendo su esencia y color favorito para llevarlo a casa.

Esta fue una de las experiencias que se nos quedó pendiente. Por cuestiones de tiempo no pudimos realizarla, así que tendremos que volver. Y quizás esa sea una buena excusa para quienes todavía no han visitado el lugar: siempre parece quedar algo nuevo por descubrir.

Después de todo lo que habíamos aprendido, probado y experimentado, llegó el momento de recoger nuestras barras de chocolate y continuar nuestro recorrido. Pero, siendo honestas, no podíamos irnos solamente con eso.

Salimos de allí con varias bolsas llenas de productos de cacao. Entre chocolates, detalles para regalar y algunas cosas que simplemente no pudimos resistirnos a comprar, terminamos pensando en todas las personas a las que queríamos llevarles un pedacito de esta experiencia: familiares, parejas y amigos.

 

Una experiencia para volver

Al final, nuestra visita a KAH-KOW terminó siendo mucho más que una salida para comer chocolate. Fue una oportunidad para descubrir el cacao desde diferentes perspectivas: conocer su historia, entender su transformación, probar sus diferentes sabores y, sobre todo, participar de manera activa en el proceso.

A veces pensamos que para vivir experiencias diferentes tenemos que salir de Santo Domingo o esperar a viajar a otro país. Sin embargo, lugares como este nos recuerdan que nuestra propia ciudad también tiene espacios capaces de sorprendernos. Solo hace falta tener un día libre, un poco de curiosidad y las ganas de descubrir algo nuevo.

Una experiencia para volver

Al final, nuestra visita a KAH-KOW terminó siendo mucho más que una salida para comer chocolate. Fue una oportunidad para descubrir el cacao desde diferentes perspectivas: conocer su historia, entender su transformación, probar sus diferentes sabores y, sobre todo, participar de manera activa en el proceso.

A veces pensamos que para vivir experiencias diferentes tenemos que salir de Santo Domingo o esperar a viajar a otro país. Sin embargo, lugares como este nos recuerdan que nuestra propia ciudad también tiene espacios capaces de sorprendernos. Solo hace falta tener un día libre, un poco de curiosidad y las ganas de descubrir algo nuevo.

 

Leslie Ortíz Cepeda

Directora creativa, storyteller audiovisual y estudiante de Comunicación Audiovisual de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM)

Natalia Diaz Liriano

Directora Creativa con interés en Dirección de Arte y Diseño de Producción y Estudiante de Comunicación Audiovisual de la Pontificia Universidad Madre y Maestra (PUCMM)

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