Rosa Montero, sobre la cordura o el peligro de serlo demasiado

Foto Copyright (C) Ivan Giménez – Seix Barral
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Foto Copyright © Ivan Giménez – Seix Barral

 

Apenas dos años después de la publicación de La buena suerte (Alfaguara, 2020), Rosa Montero presenta un nuevo título, El peligro de estar cuerda (Seix Barral, 2022). Un ejemplar deslumbrante, intimista, profundo. Que va más allá de una trama bien construida, un desarrollo fluido, un argumento sólido, unos personajes atractivos, o un impecable manejo de la palabra escrita.

Un libro que es todo eso y más. Un descubrimiento, una revelación, un manual al que echar mano a modo de consulta, con el que reflexionar, asombrarse, o descubrirse entre sus páginas.

Que se lee con fruición y ligereza. Personal, interesante locuaz, divulgativo, esclarecedor, ameno, reflexivo. Que habla sobre el proceso creativo y la falta de cordura para acometerlo. De sus razones, de la falta de ellas, de la necesidad de tenerlas, y de quién y cuando se poseen o no.

De la vida de grandes autores que en su día escandalizaron con sus comportamientos y excentricidades a la sociedad en la que les tocó vivir y que también lo harían en la de ahora. De su sed de conocimiento y su gusto por la neurociencia. De una ficción contada como una realidad y de una realidad narrada como si de una ficción se tratara. De sus pánicos y del miedo a la muerte. De la eterna necesidad de encontrar respuestas.

 

 

Desde su más tierna infancia, Rosa Montero sintió que no era normal (si es que alguien lo es y sea lo que sea eso) porque según ella, su cabeza tendía a funcionar de manera independiente.

Este sería uno de los motivos que le llevaría de adulta, a estudiar Psicología. Al parecer, igual que a muchos otros psicólogos y psiquiatras según descubriría años más tarde.

Esa cabeza desbordada y desbordante de imaginación que provocaba el bullir incesante de historias provocaría que, a la temprana edad de seis o siete años, escribiese su primer cuento. A partir de ahí es fácil imaginar que hasta el día de hoy no haya parado y que ese fuese también, uno de los motivos por los que decidiera así mismo, estudiar Periodismo.

La supuesta falta de cordura que adolecen aquellas personas que se dedican en mayor o menor medida a cualquier proceso creativo. Especialmente los que ponen en práctica aquello de juntar palabras con cierto sentido; los escritores. Según uno de los muchos e interesantes (la bibliografía es verdaderamente atrayente y divulgativa) estudios consultados durante el proceso de investigación y elaboración de El peligro de estar cuerda, indica que entre un 15 y un 20% de los narradores padecen algún tipo de enfermedad mental en mayor o menor medida.

Cierto que la teoría o, mejor dicho, la sempiterna pregunta, de si para ser un buen creador hay que ser una persona atormentada o haber sufrido algún episodio traumático, es recurrente y a menudo utilizada para justificar ciertos comportamientos o pasajes no del todo o de ningún modo aceptables. También es una excelente excusa para argumentar y aceptar el por qué ciertos autores son capaces de recrear personajes e historias sórdidas como consecuencia de su traumática existencia.

Pero ¿y aquellos creadores los cuales sus vidas son, digamos normales? ¿es entonces indispensable ser desgraciado o estar un poco loco para poseer una fructífera imaginación? ¿qué es ser normal? ¿es serlo un impedimento para ser capaz de crear? ¿estar cuerdo es una desventaja? ¿no ser diferente al resto es por tanto una traba?

 

Foto Copyright (C) Ivan Giménez – Seix Barral
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Este proyecto literario, inclasificable. Híbrido entre el ensayo psicológico, el tratado de investigación. La ficción al uso, o una muestra de ese género tan en boga denominado auto- ficción. Bien podría componer algo parecido a una trilogía junto a La loca de la casa (Alfaguara, 2003, Premio Qué Leer y Premio Grinzane Cavour) y La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral, 2013) ya que en cierto modo las tres están relacionas entre sí por ser las únicas obras en las que Rosa Montero se ha permitido realizar ciertas concesiones autobiográficas.

Ahora bien, siempre nos quedará la duda de si esas íntimas confesiones son verdaderamente auténticas o absolutamente ficticias.

Porque como ella misma ha confesado, de lo único que está segura es de que posee tan mala memoria que le es incapaz identificar un hecho real de un sueño. Un suceso experimentado por ella misma con una historia ajena que le hayan contado. O incluso, olvidar algo que ella misma escribió tiempo ha.

Y es que ya se sabe…  “La realidad es poco fiable.”

Rosa Montero (Madrid, 1951). A destacar entre sus numerosos galardones, reconocimientos y distinciones: Premio Nacional de la Letras (2017), Premio Internacional Columnistas del Mundo (2014), Premio Rodríguez Santamaría (2004), Premio Nacional de Periodismo (1981). Doctora honoris causa por la Universidad de Puerto Rico (2010) Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

 El peligro de estar cuerda, verso de la poeta estadounidense Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830-1886)

 

Portada del libro de Rosa Montero «El peligro de estar cuerda» – Crédito de portada Planeta libros

 

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