Maritza Acevedo construye el universo creativo de Gifinas, donde la identidad dominicana encuentra nuevas formas de expresarse.

Maritza Acevedo: «Gifinas, una muñeca sin rostro para vestir un país»

Tiempo de lectura estimado: 7 minutos

Desde Mallorca, Maritza Acevedo construye el universo creativo de Gifinas, donde la identidad dominicana encuentra nuevas formas de expresarse.

 

Hay símbolos que no necesitan un rostro para ser reconocidos. A veces basta una silueta, una combinación de colores o un pequeño detalle para despertar la memoria de un lugar. En las manos de Maritza Acevedo, una muñeca de barro, de esas que suelen habitar las estanterías de las casas dominicanas, encontró una manera distinta de contar su historia: dejó de ser un recuerdo para convertirse en una pieza que se lleva puesta.

La idea no nació en un taller de moda ni respondió a un plan de negocio trazado de principio a fin. Su origen estuvo más cerca de una inquietud personal: ¿por qué la cultura dominicana parecía tener tan poca presencia en los objetos que vestimos, mientras otras figuras y referencias se repetían una y otra vez?

Acevedo, formada en marketing en la universidad APEC y posteriormente vinculada al diseño y la estampación, ya había comenzado a explorar la posibilidad de crear una marca textil inspirada en República Dominicana. Era 2018 y tenía la intención de emprender el proyecto junto a una amiga. Sin embargo, un obstáculo con el dominio web del nombre que habían elegido —cuyo precio pasó de 12 a 1,800 euros— terminó por desanimarla. La idea quedó guardada, al menos por un tiempo.

Después llegó una pausa obligatoria. Durante la recuperación de una operación, tuvo que permanecer en reposo y encontró en ese tiempo la oportunidad de volver sobre aquella inquietud que no había desaparecido. Quería crear algo que despertara orgullo, algo que mostrara que la cultura dominicana de una manera diferente para cualquier persona sea joven o más adulta se identifique y le represente para ellos algo que de verdad quieran usar.

En medio de esa búsqueda recordó una muñeca sin rostro que había visto en casa de su suegro, en Barcelona. La pieza había llegado allí como recuerdo de un viaje a República Dominicana. Para otros podía ser simplemente una artesanía; para ella, escondía una posibilidad.

Comenzó a investigar y encontró una camiseta que utilizaba la imagen de la muñeca. Aquello confirmó que el símbolo podía trasladarse a la ropa, pero Acevedo quería explorar una vía distinta. No buscaba reproducir una imagen sin más, sino convertirla en parte de un lenguaje visual propio.

Primero pensó en camisetas. Luego apareció una pregunta que terminaría definiendo el rumbo de la marca: ¿por qué no hacer pañuelos?

La decisión implicaba encontrar a alguien que comprendiera su idea. Aunque había tomado cursos de dibujo y costura, reconocía que su mayor fortaleza no estaba en confeccionar una pieza con las manos, sino en imaginarla. «Yo soy un alma creativa», explica al recordar aquel proceso. Después de varios intentos, encontró a un ilustrador que logró interpretar lo que tenía en mente y dar forma a la muñeca que había imaginado.

El primer pañuelo llevó su figura en un patrón repetitivo. La reacción fue de sorpresa: era una manera poco habitual de acercarse a un símbolo tan reconocible de la cultura dominicana. También comenzaron a llamar la atención los colores, mezclados de una forma intuitiva, sin una fórmula fija que Acevedo pueda explicar del todo.

 

Pañuelo de Gifinas, con el motivo de la muñeca sin rostro.

Pañuelo de Gifinas, con el motivo de la muñeca sin rostro.

 

Así empezó a tomar forma Gifinas: una marca nacida en España, con raíces dominicanas, que encontró en los pañuelos una superficie para contar historias.

 

Una identidad que no necesita explicarse por completo

La muñeca sin rostro fue el punto de partida, pero nunca estuvo destinada a convertirse en el único tema de la marca. Para Acevedo, el verdadero trabajo consiste en conectar los elementos, hacer que cada figura dialogue con las demás y construir una historia que no dependa de una imagen aislada.

«El engranaje que yo hago es donde está realmente la riqueza de la marca», sostiene. Un monumento, una muñeca o cualquier otro símbolo pueden llamar la atención por separado; unidos mediante colores, formas y referencias culturales, adquieren un sentido distinto.

Esa búsqueda también responde a una intención clara: que los pañuelos no interesen únicamente a quienes reconocen sus referencias dominicanas. Acevedo quiere que una persona de cualquier procedencia pueda sentirse atraída por la pieza antes incluso de conocer la historia que contiene.

Para conseguirlo, combina símbolos de República Dominicana con patrones geométricos asociados a la tradición visual europea, como los cuadros Vichy, los lunares y la pata de gallo. Las referencias culturales conviven con recursos estéticos que pueden resultar familiares para públicos distintos.

La primera colección que llevó esa evolución más allá del patrón inicial fue ¨Santiago en Coche¨. Las muñecas comenzaron a viajar entre monumentos, colores y estampados. Ya no se trataba solamente de repetir una figura sobre una tela, sino de llevarla a otros escenarios y permitirle participar de nuevas narrativas.

La identidad de Gifinas está allí, aunque su lectura no sea la misma para todo el mundo. Acevedo lo entiende desde su propia experiencia como dominicana que vive en España. No se identifica necesariamente con el recuerdo turístico convencional, ese objeto que reproduce una casita o un símbolo nacional sin mayor elaboración. Quería diseñar algo que ella misma deseara comprar y llevar, una pieza que conectara con su identidad sin renunciar al gusto estético.

Su mirada parte de una pregunta sencilla, pero decisiva: ¿llevaría ella misma ese producto? A partir de ahí, piensa en una clientela con intereses y edades diversas, dentro de un público definido, y adapta colores, elementos y colecciones para conectar con distintas mujeres.

La cultura, en su propuesta, no se convierte en una imagen inmóvil. Se transforma, se combina y encuentra otras formas de llegar a quienes quizá nunca se habían detenido a mirar sus símbolos.

 

Llevar la historia cerca de la piel

Hay una diferencia entre reconocer un lugar en una pieza y saber que ese lugar está allí, incluso cuando los demás no pueden verlo.

Esa distinción atraviesa la ¨Zona Collection¨, una colección inspirada en la Ciudad Colonial de Santo Domingo y en sus monumentos. Trasladar edificios y estructuras arquitectónicas a un pañuelo supuso un reto creativo: había que conservar elementos reconocibles y, al mismo tiempo, darles movimiento sobre una superficie textil.

 

Colección de Grifinas

 

La catedral y la Puerta del Conde, entre otras referencias, forman parte de ese universo visual. No siempre aparecen de manera evidente. En algunos diseños, los elementos pueden distinguirse con facilidad; en otros, quedan integrados en el conjunto, como un detalle que quizá solo quien conoce el lugar llegue a identificar.

Es precisamente ahí donde Acevedo encuentra una de las satisfacciones de su trabajo. La persona que lleva el pañuelo puede saber que la catedral está representada, aunque nadie a su alrededor lo advierta. La pieza adquiere entonces un significado íntimo: no necesita explicar lo que representa para que quien la lleva lo sienta.

La Zona Colonial también está ligada a una memoria generacional. En la conversación, Acevedo recuerda la expresión «vamos para la zona» como un código compartido entre jóvenes de su época, una manera de nombrar un punto de encuentro que trascendía sus calles y edificios. Su vínculo con el lugar no se limita a la arquitectura; también pasa por los recuerdos y por la vida que se ha desarrollado alrededor de ella.

El proceso de convertir ese espacio en una colección fue exigente, tanto por la cantidad de elementos como por el nivel de detalle que requería. Pero, al hablar del resultado, la diseñadora vuelve a una palabra: orgullo. Y añade otra que parece resumir mejor lo que busca dejar detrás: satisfacción.

«Me siento orgullosa y satisfecha, es como que he dejado un legado», expresa.

No se refiere solamente a haber diseñado una colección completa inspirada en la Ciudad Colonial. También piensa en la transformación de la propia muñeca, que pasó de estar asociada principalmente a las casas de las abuelas y las tías a formar parte de una propuesta de moda capaz de conectar con mujeres de otras generaciones.

Para ella, que una joven elija llevar una de sus piezas porque le parece bonita significa que ese símbolo ha encontrado un nuevo lugar. Ya no pertenece exclusivamente al recuerdo ni tiene que presentarse como una declaración explícita de identidad. Puede formar parte de la vida cotidiana, del estilo personal y de la manera en que cada mujer decide expresarse.

 

Cuando los símbolos aprenden a hablar en voz baja

En el universo de Gifinas, incluso la muñeca ha cambiado de papel.

Al principio era la protagonista indiscutible: aparecía de forma visible y repetida sobre los pañuelos, como una firma que anunciaba el origen de la marca. Con el tiempo, su presencia comenzó a transformarse. La figura ya no necesita ocupar el centro para seguir siendo reconocible.

Acevedo describe esta etapa como una evolución natural. Las muñecas pueden aparecer en un trazo, en un fragmento o en una parte del diseño, mientras otros elementos toman protagonismo y desarrollan sus propias historias.

Durante la conversación, la diseñadora muestra una propuesta floral que todavía no se ha publicado. En ella, la muñeca deja de imponerse visualmente y se integra en el dibujo, casi como una huella. Las flores conducen la historia; la figura permanece, pero no necesita reclamar atención.

Hay algo significativo en ese cambio. Después de haber abierto el camino para que un símbolo artesanal encontrara espacio en la moda, la marca puede permitirse explorar otras narrativas sin abandonar su origen. La identidad no desaparece porque se vuelva menos evidente. A veces, simplemente aprende a expresarse de otra manera.

Esa posibilidad de reinterpretar lo propio también explica por qué Acevedo no quiere que Gifinas quede encasillada en una sola imagen. La muñeca es la raíz, pero no tiene por qué ser el límite. Cada nueva colección puede abrir una puerta hacia otro lugar, otro recuerdo o una parte de la cultura que todavía no ha sido contada.

 

Las historias que aún esperan

Crear, sin embargo, es solo una parte de sostener una marca. Después de dedicar tanto tiempo al diseño de la ¨Zona Collection¨, Acevedo reconoce que necesita prestar más atención a tareas que no despiertan en ella el mismo entusiasmo creativo: optimizar la página web, fortalecer la parte comercial y encontrar más espacio para vender.

 Acevedo menciona que se encuentra trabajando en proyectos para 2027 que ya están en proceso. Pero, cuando la conversación vuelve a las historias que todavía le gustaría contar sobre República Dominicana, la respuesta toma otro rumbo. Habla del mar y de la naturaleza, aunque no desde una perspectiva que ya esté completamente definida. Le interesa encontrar otra mirada, una forma de acercarse a esos elementos y descubrir qué pueden decir más allá de las imágenes habituales.

 

El mar, en particular, permanece como una historia pendiente.

Quizá esa sea la continuidad más interesante en el trabajo de Maritza Acevedo: la búsqueda no termina cuando una idea se convierte en producto. Una muñeca puede pasar de la artesanía al pañuelo, un monumento puede encontrar movimiento en una tela, un símbolo puede hacerse menos visible sin perder su significado. Y mientras una historia encuentra su forma, otra empieza a insinuarse.

Al final, vestir un pañuelo puede ser mucho más que elegir un accesorio. Puede ser llevar un recuerdo que no necesita explicaciones, reconocer un pedazo de la propia historia o descubrir una cultura a través de colores y formas que despiertan algo más que solo la identidad cultural, convirtiéndose en identidad propia.

La muñeca no tiene rostro, pero eso no significa que no tenga identidad. En el universo de Gifinas, su historia se construye con los lugares que recorre, los símbolos que acompaña y las personas que encuentran algo suyo en ella. Y quizá esa sea la manera más sutil de vestir un país: no mostrarlo todo de una vez, sino dejar que cada quien descubra, en el dibujo, en el color o en un pequeño detalle, aquello que también le pertenece.

 

Leslie Mariel García



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